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Hacer teatro en clase.

Hacer teatro en clase no es un reflejo espontáneo para un docente de nivel inicial o primaria ni para ningún profesor en general. Por el contrario, forma parte de las asignaturas que no se suelen abordar así, sin más, a menos que uno se sienta personalmente motivado hacia este arte. Ahora bien, nosotros estamos convencidos de que no hacen falta ni vocación ni dotes particulares para abordar el teatro en clase.

En primer lugar, es preciso que el profesor se atreva a superar sus temores y sus complejos respecto de un arte que se considera propiedad de los profesionales. El teatro no es un espacio cerrado: simplemente admite grados de intervención con reglas y exigencias específicas.

Es preciso que el docente se encuentre en este medio de expresión que exige una profunda entrega. Poco a poco ha de ir descubriendo todas las riquezas y los límites de la acción teatral. Cuando por fin esté maduro para hacer que sus alumnos puedan aprovechar la experiencia, no debe dejarse desanimar por las dificultades propias de las condiciones de la enseñanza: dotaciones, planificaciones, etc. Son muchas las que podrían asustar a los docentes, pero no hay que dejarse amedrentar. El camino es el mismo que para enseñar cualquier otra materia.

Además, esto no tiene nada de innovador. El teatro en clase no es una novedad. Hace algunos años, todos los profesores montaban un espectáculo con sus alumnos para distintas fechas efemérides del calendario escolar. Se representaban entonces sainetes, poesías, canciones. Estas situaciones siguen existiendo y tienen gran aceptación, sobre todo cuando están bien organizadas. Pero esto es otro problema.
Se puede hacer teatro con una clase de25 a30 chicos. Hace falta enfocar la interpretación dramática como un conjunto de técnicas educativas y no como una actividad destinada a formar futuros actores y actrices. No se trata de agregar una nueva disciplina escolar, sino de integrar la expresión dramática en las materias que ya se imparten. A continuación, hay que construir un proyecto con los niños, hacerse cargo de su presentación a los demás, sin olvidar que no es uno mismo el que se somete a los juicios de los otros, sino el fruto de una realización colectiva que hay que defender en conjunto.

En general, en el seno de la escuela, lo que hay que hacer es devolver al teatro el lugar que corresponde dentro del marco de la educación. En el curso de la historia, el teatro siempre a tenido vocación de educación popular. En una época en que el analfabetismo impedía que la prensa y los libros cumplieran su función informativa, cuando no existía todavía el cine y mucho menos la televisión, el teatro solía añadir  a su papel de divertir el de educar. Del teatro se valió la religión para enseñar sus misterios; la moral ha estado perfectamente protegida en las obras de teatro; y hay países que ponen el teatro al servicio de distintas campañas a favor de la ecología, la salid, etc.
Es preciso que el teatro y sus derivaciones modernas (el cine, las series, los documentales…) entren en la escuela no sólo como arte, sino también como medios pedagógicos. Muchas veces resultan más eficaces que un largo discurso. Es menos probable que los niños olviden al Quijote de una serie que al que le presentan en los libros de historia o las exposiciones del profesor. Al educador le corresponde relacionar todas estas fuentes de información y, sobre todo,  despertar en el niño el sentido crítico. Puesto que una obra de teatro, una película, un libro, solo presentan una versión subjetiva, una versión de un hecho, el papel del maestro es poner de manifiesto esta característica a los ojos de los niños para guiar el análisis.

¿Y qué mejor forma de comprender esto que entregándose uno mismo al arte de la interpretación? Es necesario que el niño aprenda que una palabra puede tener varios significados, que se le pueden hacer expresar ideas contradictorias, que un acontecimiento puede comprenderse y relatarse de maneras diferentes. ¿Acaso no es esto entender un poco más el mundo que nos rodea?

¿No es enseñar al niño a defender y a preservar su libertad de pensamiento de expresión haciéndole descubrir que la vida puede ser simplemente un gran teatro en el que cada cual desempeña un papel del que es mejor ser consciente?
 
 
Fragmento de: S´exprimer par le théâtre
Profesores
Noëlle y Bernard Renoult.
Pedagoga
Corinne Vialaret
Traducción Ema Fondevila
Adaptación Pablo Varela

  

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